En los tiempos que corren, y ya sabemos cómo vienen, hablar del sector agroalimentario es hablar de uno de los pilares fundamentales de nuestra economía. Es algo que pudimos ver durante la maldita pandemia, todavía tengo las imágenes en la memoria, y que posteriormente se ha confirmado. Es la despensa y el granero de este país.
Por eso, desde mi experiencia analizando este sector, tengo claro que gestionar hoy una empresa agroalimentaria sin el apoyo de una buena asesoría es asumir riesgos innecesarios en un entorno cada vez más complejo, exigente y cambiante. Y la verdad es que ahora las cosas no están como para jugársela.
Los datos son claros. España es una potencia agroalimentaria de primer nivel. Somos la octava potencia de todo el mundo y uno de los motores económicos del país, con un peso cercano al 11% del PIB. Y eso es vital para sobrevivir.
Es la principal industria manufacturera, con una cifra de negocio que supera los 125.000 millones de euros y que, si sumamos alimentación y bebidas, alcanza los 131.000 millones. Detrás de estas cifras, y creo que esto es un dato que hay que poner en valor, hay más de dos millones de empleos directos e indirectos, miles de empresas y una cadena de valor extensa que va desde el campo hasta el consumidor final. Y siempre se demanda más mano de obra.
Está claro que es el sector que mueve en España, porque a partir de una patata, por ejemplo, hay mucho trabajo detrás y futuro.
Desafíos
Ahora bien la realidad es más compleja, cuando nos despertamos vemos que no todo es tan fácil. El sector agroalimentario se enfrenta a problemas que afectan a su rentabilidad y a su capacidad de crecimiento. Uno de ellos por ejemplo, el cambio climático.
El precio de la energía y de insumos básicos como fertilizantes o piensos no deja de crecer., y esto es algo que ha provocado que los agricultores hayan tenido que salir a la calle incluso con sus tractores. La digitalización avanza, pero no siempre al ritmo necesario, y la falta de mano de obra cualificada es un problema cada vez más evidente.
A todo esto se suma un consumidor diferente. Los hábitos de compra han cambiado, el precio de la cesta de la compra ha aumentado más de un 15% y la inflación empuja al ahorro más que al consumo. Aunque España no sea el país más afectado de la eurozona, la incertidumbre económica se nota y obliga a las empresas a afinar mucho más sus decisiones.
En este contexto, contar con una asesoría especializada deja de ser un gasto para convertirse en una inversión estratégica.
Nosotros hablamos con Crowe Spain, la octava firma de servicios profesionales a nivel mundial. Son ellos los que nos dicen que una auditoría y asesoría bien planteada no se limita a revisar números: “aporta una visión global del negocio y ofrece soluciones adaptadas a las necesidades reales del sector agroalimentario”.
Además, añaden, de disponer de equipos expertos, tanto a nivel nacional como internacional, marca la diferencia cuando se trata de anticiparse a problemas y aprovechar oportunidades.
Beneficios
Uno de los grandes valores de una asesoría es el apoyo a la función financiera. El reporting financiero, la auditoría interna y el control de riesgos permiten tomar decisiones basadas en datos fiables, algo imprescindible en un sector con márgenes ajustados y elevada volatilidad. Saber exactamente dónde se gana y dónde se pierde dinero es el primer paso para mejorar la rentabilidad.
Otro aspecto clave es la sostenibilidad. Hoy no es solo una cuestión ética o de imagen, sino una exigencia normativa y una condición para acceder a financiación y fondos europeos. Una asesoría puede ayudar a diseñar e implementar estrategias de sostenibilidad y adaptación al cambio climático, optimizando el uso del agua, la gestión de residuos o la eficiencia energética, sin perder de vista la viabilidad económica del negocio.
La internacionalización es otro reto habitual que se puede hacer mejor dejándose asesorar por una empresa externa.
No puedo dejar de mencionar el asesoramiento en fusiones y adquisiciones. En un sector tan atomizado, nos indican que las operaciones corporativas son una vía clara para crecer, ganar tamaño y acceder a nuevos mercados. Contar con expertos que acompañen todo el proceso reduce riesgos y aumenta las probabilidades de éxito.
Por último, el marco legal y fiscal del sector agroalimentario es especialmente complejo. Normativas como la Ley de la cadena alimentaria, los plazos de pago, la imposición al plástico, la trazabilidad, los envases o el comercio electrónico requieren un conocimiento muy específico. A esto se suman cuestiones como la empresa familiar, los contratos con transportistas, los incumplimientos por falta de suministro o la gestión de marcas y productos. Una asesoría especializada aporta seguridad jurídica y evita sanciones o conflictos que pueden resultar muy costosos.